Hoy me puse a pensar cuántas veces en la vida pensamos que no somos suficientes, o que nos falta algo, y nos enfocamos en todo eso. O cuando alguien no responde de la forma correcta a lo que nosotros le otorgamos... y sí, estamos hartos de que la vida nos suelte el discurso del "karma" o la típica frase de "es que confiaste de más".
O nos sumamos tanto a buscar nuestros propios errores que terminamos por no ver lo evidente: la responsabilidad de los demás es de ellos. Quienes nos fallaron dicen mucho más de ellos mismos que de nosotros. Entendemos que cuando alguien reacciona de algún modo, lo hace desde lo que no ha sanado o desde sus propios patrones de vida.
Pero aquí viene la gran pregunta de introspección: ¿cuándo nos toca recibir? ¿Y cuándo se me abren los caminos? Tal vez yo no sea el ejemplo que quieres escuchar en este momento, porque aquí ando, reconstruyéndome una vez más a mis 40 años, queriendo formar una comunidad después de tanto tiempo.
Cuando no son las personas en las que creíste y confiaste, y cuando el camino no está dibujado, hay algo que me está funcionando para no sentir frustración (porque es mi NO SER de mi Diseño Humano) y recuerdo, quien sabe a dónde va, el camino se le dibuja solo.
Simplemente sabes a dónde quieres llegar, y día a día, paso a paso, se va dando. No te voy a negar que hay días difíciles, pero también te recuerdo cuántas pruebas ya has superado. Si tú también estás pasando por algo complejo, no dudes en compartirlo, porque este mes y esta sociedad nos están recordando a gritos la importancia de la salud mental.
Pasos prácticos para salir del bucle de la frustración y el desgaste:
Vuelve a las sensaciones de tu cuerpo: Cuando la mente te diga que "te falta" o que "hiciste mal en confiar", párate un segundo. La mente miente y dramatiza; el cuerpo (la autoridad) solo siente. Respira hondo, muévete, baila o haz una descarga física (como una caminata o una sesión rápida de fuerza en casa) para sacar la energía estancada antes de tomar decisiones desde el calor del momento.
Devuelta cada mochila a su dueño: Haz consciente el límite de tu responsabilidad. Si alguien te falló, esa persona actuó desde sus propios vacíos, patrones no sanados o proyecciones. No te culpes por haber entregado de más; tu capacidad de dar es un reflejo de tu generosidad, no de tu ingenuidad. Suéltales su equipaje.
Abraza el tiempo de tu propia torre (Madurez del proceso): Reconstruirse a la edad que sea no es retroceder, es integrar. Date el permiso de no tener el mapa 100% dibujado. Como bien sabes, cuando tienes clara tu dirección interna, el camino se va abriendo al andar. La prisa es solo un invento del condicionamiento externo.
Comunícate y busca tus personas seguras (tu tribu): No cargues todo en solitario. Validar lo que sientes hablándolo con otros o compartiéndolo en comunidad (espacios donde de verdad te sientas escuchada y respetada) desactiva el aislamiento mental. La salud mental también se sostiene cuando dejamos de fingir que podemos con todo solos y nos permitimos ser vulnerables.
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