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Te enseño a usar tu manual de usuario energético para dejar
La cura de querer ser otra persona: cuando el cuerpo se cansa de fingir que "aquí no pasa nada"

Tengo la gripe más pesada de los últimos tiempos. Y sí, es fácil echarle la culpa al entorno, a los apagones interminables que nos sacuden aquí en Venezuela, a esas horas eternas de oscuridad diaria donde te roban la luz entre siete y doce horas, o más. Es ver a mi hija estudiando a la luz de un bombillo recargable, trasnochada porque tiene que ir a la universidad a tropezarse con otra realidad igual: salones sin energía y aires acondicionados apagados.

Todo eso genera una rabia sorda, una impotencia que se acumula en el pecho.

Pero lo más peligroso no es lo que pasa afuera. Lo verdaderamente jodido es lo que hacemos nosotros con eso. Nos tragamos la incomodidad. Nos ponemos una máscara de resiliencia perfecta, repetimos como un mantra automático el famoso "esto también pasará" y seguimos exprimiendo el día a día a la fuerza, ignorando las tripas, el cansancio y el desborde. Nos engañamos creyendo que la mente puede con todo, que si te mantienes optimista y productiva estás haciendo lo correcto.


Y ahí es cuando el cuerpo dice: hasta aquí.


Porque la biología no se traga los cuentos que nos inventamos para sobrevivir. La enfermedad llega a poner orden con la única herramienta que nos frena de golpe: el malestar. Me encuentro en cama, afónica perdida, y entiendo perfectamente el mensaje. La ronquera no es casualidad; es el eco exacto de todo lo que me he callado para mantener la paz, de lo que no he dicho por no generar conflicto. La fiebre quema la rabia contenida que mi mente intentó maquillar bajo una falsa normalidad.

Nos han metido en la cabeza que hay que rendir todo el tiempo, que parar es sinónimo de debilidad y que debemos encajar en un molde que no nos pertenece. Queremos ser esa versión incansable, fuerte y productiva que el sistema aplaude, traicionando por completo nuestro propio diseño, nuestra propia autoridad y nuestro ritmo natural. Forzamos al cuerpo a marchar en sobremarcha cuando lo único que pide a gritos es pausa.


Todavía estoy aprendiendo a navegar esto, no te voy a mentir. Pero de lo que sí estoy segura es de que el camino no es fingir que no pasa nada.

La verdadera cura empieza por soltar el control mental y dejar que el cuerpo decida. Es permitirnos descansar en el tiempo disponible, pero hacerlo sin culpa. Es dejar salir la incomodidad en lugar de tragarla, y entender que la productividad real solo florece cuando estás conectada con tu energía creativa al cien por ciento, respetando tus ciclos de pausa y bajando las revoluciones cuando el cuerpo simplemente necesita sanar.


Dejar de fingir que somos de piedra no es rendirse; es, por fin, volver a ser mas humanos y darnos la protección que necesitamos